No somos seres perfectos. La mayoría de las personas piensan que sí, pero no.
No hacemos las cosas bien, aunque creamos hacerlas de la mejor forma posible. No ponemos orden a las cosas, ni a las personas, ni siquiera ponemos orden a nuestra vida cuando nos hace falta.
Vivir es adaptarse, es saber convivir con miles de personas que se cruzan en nuestro camino. Vivir consiste en ir llenando los espacios de nuestra vida a medida que pasa el tiempo. No podemos elegir como vivir, solo podemos elegir entre las varias posibilidades que tenemos, unos más y unos menos. No elegimos nuestra vida, ni elegimos a las personas que entran y salen de ella. Ni siquiera elegimos nuestra personalidad, solo nos amoldamos a las experiencias que pasamos, creyendo saber todo de ellas, creyendo poder empatizar con cualquiera que se encuentre "en nuestra misma situación". Solo somos unos cualquiera, unos don nadie.
Sin embargo, nos pasamos la vida exigiendo a los demás, pidiendo respuestas. Nos creemos con el derecho de golpear al prójimo, de insultarle, de opinar sobre su vida. Pero no somos nadie. No somos ni quien creemos ser, porque depende del momento, somos personas diferentes, ya sea por lo que decimos o por lo que hacemos. Porque no siempre actuamos apoyando los criterios que defendemos, ni damos valor real a las cosas que creemos que lo tienen. No siempre somos tan fuertes, ni tan listos, ni tan ideales como pensamos. Y nos creemos tener el poder suficiente como para mirar a los que nos rodean por encima del hombro.