Al fin y al cabo nunca perdemos la esperanza de lo que nos pueda pasar y seguimos imaginando un mundo, tanto irreal como idílico.
Pero que bonito es soñar. Que bonito es pensar en las posibilidades que nos harán felices.
Y una vez consigues algo de lo que imaginaste, por mínimo que sea, eres tan estúpidamente feliz...
Que nada consiga arruinarte ese momento, por fugaz que pueda ser. Que tu ying nunca derrote a tu yang. Que tu ángel nunca derrote a tu demonio. Que nunca se rompa ese equilibrio.
Porque poco a poco te darás cuenta de que en eso consiste tu vida, nadie la controla, ni el destino, ni el karma. Tendrás días felices dentro de la tristeza y días tristes dentro de la felicidad, para poder compensar el equilibrio. No te sientas mal por estar mal, disfruta tanto de la alegría como de la tristeza. Desátate cuando te sientas atado, amárrate cuando te sientas excesivamente libre. Y así, aprende a compensar tu vida, y a apreciar cada segundo de ella. Y entonces, un día sin más, te sentirás en calma, sin prejuzgarte a ti mismo por lo que crees que eres, sin presionarte a ti mismo por no conseguir lo que crees que mereces.
Aprende a valorarte, y aprende a luchar por lo que realmente te merece la pena.
No hay comentarios:
Publicar un comentario