martes, 5 de noviembre de 2013

Vuela, corazón,
vuela libre.
Despliega tus alas,
déjate llevar por el flujo del viento.

Nada, corazón,

nada sin miedo.
Disfruta cada instante el romper de las olas.

Corre, corazón,

corre más fuerte.
Huye de aquellos que quieran hacerte daño.

Recuerda, corazón,

mi pulso finito,
recuerda hacerme fuerte,
recuerda aguantar cada golpe,
recuerda sentir qué es el amor.

Recuérdalo.

Ser feliz sin motivo,
ilusión,
nervios,
dulzura,
pasión...

Recuerda, corazón,

que con nosotros nada puede,
nadie puede.
Recuérdalo.
Se abre una nueva veda a la vida, con un nuevo sentido.

Todo empieza a cambiar, a mejorar. Jugamos a crear, a ser dueños del tiempo, del pasado, presente y futuro. Damos forma a nuestro ser, comenzamos a ser lo que queríamos ser, a crear, comenzamos a ser futuro. 

Trabajamos con nuestras propias manos, con nuestros propios dedos, amasando ser, moldeando nuestro cuerpo, mente, alma, generando un nuevo yo que se contamine del presente, del pasado, de nuevas vivencias, de nuevas personas, de personas que se fueron, de personas que aunque lejos siguen ahí y sobre todo de nosotros mismos.


Queremos controlar ese futuro, creemos hacerlo, pero entre nuestros dedos desaparece, se desvanece. 



Futuro engañoso, incierto y deseado. Deseo ardiente por conocer, por controlar pero ser libres, queriendo imaginar una vida idílica, nuestra vida idílica.