Porque nada es eterno.
Determina tu paso, tiempo, cuerpo y mente. Pero deja escapar a tu alma, libre. Ella sabrá dónde ir, a quién acercarse y sobre todo cómo cuidarte. Es un gran amor, perecedera frente al mundo, contigo y sin ti. No le cortes las pequeñas alas con las que se impulsa. Déjala descubrir mundo, caer en tentaciones y liberarse de sus temores por hazañas. Sufrir, llorar, reír, pero tómala de tu mano cuando creas que tenga miedo.
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