jueves, 22 de enero de 2015

No soy corriente, pero si me rozas puedo dar calambre.

Le dije: monta que te llevo al sol. 
Me dijo: ¡qué tontería! 
Arderás. 
Le dije que no pensaba ir de día y se reía. 
Ya verás, le decía, si te fías de este guía. 
Dicen que cuando llegas hay un flash, y me creía. 
Me daba alas. 
Parábamos a dar caladas en coordenadas desordenadas. 
Sentados en el meridiano de Greenwich dejábamos colgar las piernas, sabiendo que la búsqueda era eterna y que hay muchas paradas a lo largo del camino, y que lo importante no es llegar sino el camino en sí. Miramos atrás y supimos que nadie volvería a vernos más.

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