Es un poco irónico plantear o buscar cualquier explicación a todo lo que nos rodea. Sin embargo, vivimos tratando de dar explicación a todo, hay personas que dedican su vida a estudiar átomos, a crear curas para enfermedades, a dar nombres a nuevos conceptos...Pero lo que realmente buscamos comprender es lo que menos conocemos.
El amor, la felicidad... Obviamos temas que realmente nos importan, y los dejamos ahí, un poco en el aire, con excusas como "es difícil de explicar", o "es difícil de entender", y lo denominamos como "abstracto". El ser humano en sí, es un concepto biológicamente claro, pero en realidad, nadie lo comprende.
Es irónico como, en mi caso, tratamos de conocer como ayudar o solucionar problemas que se encuentran en la cabeza de un individuo, cuando realmente no conocemos al individuo en sí.
Y me paro y pienso, ¿qué es lo que hace que nos permitamos dejar las cosas en el aire? No conocemos algo, lo evitamos, y buscamos explicar cualquier otra cosa para reponer la falta, pero nunca dejará de faltar. Queremos saber, pero no sabemos qué. No nos conocemos y nos da igual. Nos adaptamos, tenemos miedo a lo desconocido, miedo a saber más acerca de nosotros mismos, miedo a enamorarnos, a sufrir, miedo al rechazo, incluso tenemos miedo al miedo, pero, ¿por qué? ¿Por qué seguimos estudiando la ciencia, la base de la ciencia, la historia de la ciencia, leyes, teorías, teoremas, hipótesis..., y no indagamos en temas de real interés? Dejemos de parafrasear, de inventar, de buscar cosas donde no las hay, y centrémonos en el día a día.
Nos enseñamos a nosotros mismos a apartar las carencias que el mismo ser humano nos aporta. Olvidamos a qué vinimos, que no somos más que parte del mundo, de la naturaleza, y nos empeñamos en ser e ir más allá, un más allá que ni siquiera sabemos si hay.
Culpamos en muchas ocasiones al resto, a la sociedad de la que formamos parte. Pero olvidamos que estamos dentro de ella, somos un uno más de la sociedad, dejamos que las cosas pasen, al igual que todos. Nos quejamos, pero seguimos estudiando cosas que realmente no nos importan saber, por el mero hecho de conocer algo más. Moriremos sin saber más de nosotros mismos, como personas, como individuos, como sociedad, e incluso como especie. No sabemos nada.
Tenemos ansia por explicar. Ansia por conocer.
Nacemos y ya almacenamos en nosotros la idea de qué es o no correcto, que las reglas están para saltárselas o para cumplirlas, que cuantos más idiomas tengamos más puertas se nos abren en la vida, que no seamos egoístas, que nos defendamos, que luchemos por lo que queremos, que matar está mal, que ayudar está bien, que comer comida basura es malo y engorda, que los amigos se eligen, que la familia siempre te apoya...y miles de cosas más. Cosas que nosotros mismos hemos creado, pero que realmente no nos importan.
Luchamos contra nosotros mismos, contra una serie de normas y criterios que como sociedad hemos establecido, qué está bien, qué está mal, qué es más correcto, e incluso qué se supone que es lo que nos debe hacer más felices. Pero desconocemos qué es la felicidad. No por reír más eres más feliz, por llorar estás triste, o por matar eres un asesino. No eres más que nadie, ni menos, no eres nada, no hay nada que conozcas de ti.
Tenemos ideas, ideas que ni nosotros mismos nos creemos. Los artistas no saben diferenciar qué es arte y qué no. Todos los psicólogos están locos. Los ricos son realmente pobres. Los poetas utilizan metáforas que ni ellos comprenden. Los listos no saben de nada. Y así, cuanto más es cuanto menos. Regalamos nuestro tiempo, dedicamos parte de nuestra vida a cosas que no nos van a dar nada a cambio, damos para no recibir, no queremos soportar y queremos que nos soporten, nos quejamos de lo que envidiamos, buscamos para no encontrar nada, incluso olvidamos qué es lo que estábamos buscando. Y así.
Todos nacemos iguales, somo iguales de estúpidos, no aprendemos de los errores, tropezamos una y otra vez. Nos intentamos ayudar entre nosotros, pero cada uno aprende de sus propias experiencias. Creemos empatizar por haber vivido una situación parecida. Huimos de las opiniones de los demás. Queremos ser queridos, caer bien. Hacemos creer que somos fuertes, inteligentes, que tenemos criterio y madurez. La sociedad es estúpida, todos pensamos "todos son estúpidos menos yo". Culpamos a alguien por haber hecho algo que posiblemente nosotros también haríamos. Todos cometemos errores. Intentamos perdonar, olvidar y volver a empezar. Creemos que los errores nos hacen aprender, que a medida que pasa el tiempo sabemos más, que por ganar un día en el bingo eres una persona con suerte, que por no gustar eres feo, que cuando una persona te pierde es porque no te merece. Vivimos engañándonos constantemente, somos nosotros lo que creamos la sociedad en la que vivimos, tan idílica y tan falsa.
Nos gusta crear historias con moraleja, enseñar a niños cosas que creemos saber. Trasmitimos conocimientos que no aplicamos. Somos marionetas de la sociedad. No sabemos nada sobre nosotros mismos. Obviamos este tema como cualquier otro, y no somos más que un ente abstracto, otro más.
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